¿La tierra prometida?

Acabo de ver varios vídeos en los que se muestra la versión preliminar de la primera tableta equipada con Ubuntu, en la que la gran novedad es la convergencia trabajando en forma bastante completa en un dispositivo comercial, es decir la transformación instantánea de un modo de pantalla completa común a los dispositivos móviles a un modo de ventanas similar al que se tiene en el escritorio de Ubuntu.

Dicha transformación ocurre al conectar vía el puerto USB / Bluetooth un ratón, un teclado o ambos, incluso hay una opción para hacerlo sin conectar nada, y ocurre en forma realmente veloz apenas un parpadeo, prácticamente nada, menos que lo que algunas aplicaciones toman para cargarse en una tableta Android de características similares.

Esto demuestra con claridad el grado de madurez que han alcanzado los controvertidos desarrollos estrella de Canonical: Unity 8 y Mir, a pesar que la versión que se ve en los vídeos está basada en el desarrollo de la versión 16.04, a la que aún le quedan un par de meses para salir del horno (finales de abril de 2016).

Pese a todo mi escepticismo con la idea de los teléfonos convergentes, sin importar el sistema operativo que usen; la misma idea aplicada a una tableta, una vez que la he visto trabajar, me parece asunto mas sensato, comenzando porque no hay la necesidad de conectar el dispositivo a un monitor externo: cables, cables y mas cables para poder usarse como una PC, aunque siempre tendrá un desempeño inferior al de una PC real.

No me resulta difícil imaginar una funda, que además sirva de atril, que incluya un teclado, un touchpad y de pronto se contaría con un convertible en toda la extensión de la palabra. Cómodo para transportar, colocarse sobre cualquier superficie o incluso sobre las piernas.

Por encima de todo un equipo de esta naturaleza no nace castrado por la ausencia de esas aplicaciones que se han vuelto “asunto de todos los días” en los teléfonos móviles, me refiero particularmente a todas esas que llamamos sociales: WhatsApp, Facebook, Twitter, etc. Especialmente la primera que sin duda es incluso quizá el motivo principal por el que muchos se hacen de un teléfono “inteligente”.

Las tabletas por lo general no se usan para estos menesteres y básicamente porque no están asociadas a un número telefónico, de hecho la inmensa mayoría solamente tienen conectividad WiFi y no a través de la red de telefonía móvil.

Una tableta que cuente con las aplicaciones que generalmente se asocian a estos dispositivos: juegos, vídeos, música, navegación por la red, lectura y alguno que otro asunto de orden lúdico, y que además cuente con la posibilidad de acceder a aplicaciones propias del escritorio convierte a este dispositivo portátil en una opción que cualquiera puede considerar atractiva, ya que si bien no cuenta con la gran cantidad de aplicaciones de los otros sistemas operativos móviles, ofrece en cambio acceso a los programas “normales” de GNU / Linux, al menos los que están empaquetados para Ubuntu, que no son pocos.

Tabletas así, incluso de un tamaño menor a las 10” que tiene el modelo de Bq que será puesto a la venta próximamente, pueden tener un mercado mucho mas atractivo que el que se atisba para los Ubuntu Phones. Incluso en el sector empresarial podrían encontrar un interesante nicho de ventas, ya que hay empresas que equipan a sus empleados con tabletas para dotarlos de capacidades digitales, cada día mas necesarias en el desempeño de sus labores.

Una tableta convertible y convergente le permitiría a las empresas instrumentar su propio software sin estar limitadas a los lenguajes de programación (Java, Objetive-C / Swift y .NET) que son inherentes a las tabletas Android, iOS y W$ respectivamente, ya que Ubuntu admite además de estos, casi cualquier otro lenguaje de programación. Esto por supuesto sin contar con la ya tradicional seguridad de una distribución Linux y de todos los maduros servicios para la nube que ya está ofreciendo Canonical.

La convergencia vista así representaría un ahorro muy importante en dispositivos para las empresas, ya que los empleados que estuvieran equipados con estas tabletas tendrían además acceso a todas las aplicaciones comunes de escritorio. Podrían redactar sus informes, entregar cuentas y balances, hacer presentaciones y otras tareas administrativas, sin que hubiera la necesidad adicional de poner a su disposición un equipo de escritorio donde empezar y terminar sus jornadas. Existen por supuesto otras ventajas de orden financiero como la reducción de costos por aseguramiento y reposiciones, comparadas con sus similares para una PC portátil.

Sin embargo aún no es tiempo de lanzar las campanas al vuelo, las demostraciones vistas en el reciente MWC de Barcelona han sido cuidadosamente limitadas a unas pocas aplicaciones X (aquellas que están diseñadas para correr bajo Xorg) trabajando usando el puente XMir y hasta donde pude entender, su instalación no es completamente automática y se requiere instrumentar su acceso usando algún tipo de script de arranque (toda similitud con Wine es mera coincidencia) que debe ser generado por el usuario en forma manual.

Esto por supuesto significa que Mir, XMir o ambos aún no tienen el grado de madurez necesario para ser capaces de permitir la ejecución de cualquier programa que ya se encuentre en los repositorios de Ubuntu. Y por lo que se ve, el proceso de instalación de cada programa puede diferir con respecto a otros, lo que por supuesto es una regresión a las épocas en que “Linux es sólo para informáticos” y en las que realmente se necesitaba de mucha paciencia y tenacidad para conseguir un sistema operativo funcional. Sin lugar a dudas es un obstáculo para la adopción comercial de estos equipos.

Otro detalle por pulir que he podido notar, y cuya solución no está en manos de Canonical, es que de alguna manera las aplicaciones existentes deben instrumentar, ya no digamos soporte para Mir (y hay que ver ninguna parece estar trabajando ni en Mir ni en Wayland), necesitan soportar los gestos táctiles, para que la experiencia sea amable con el usuario. Cosas tan sencillas como hacer un zoom con dos dedos, o permitir la reorganización de las barras de herramientas / menú en formas mas naturales para pantallas de menor tamaño ya que simplemente la posibilidad de conectar la tableta a un monitor externo es en la práctica poco probable.

Así, en este punto Canonical parece estar en el mismo punto muerto que se encuentra M$ con sus “Aplicaciones Universales”, Ambas empresas están sujetas al software que ellas mismas creen y/o actualicen, en tanto que solamente aparece software “de juguete” especialmente adaptado al nuevo paradigma, pero sin ninguna señal de vida por parte de los grandes programas que hagan verdaderamente interesante la convergencia.

En el MWC Canonical ha dado un golpe sobre la mesa. Su versión de la convergencia es a pesar de sus limitaciones, mucho mas rica y completa que la que ofrece W$ y su Continuum, y parece tomar ventaja hacia la Tierra Prometida de la masiva popularización de al menos una distribución. ¿Será?

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