Hidra

En la mitología griega la Hidra era una criatura que poseía varias fieras cabezas, pero que además tenía la capacidad de hacer surgir dos nuevas para sustituir alguna que le fuera cercenada. Este monstruo tenía por supuesto la misión de guardar tesoros para salvarlos de la codicia de los hombres.

Hace unos días se filtró el resultado de una reunión que sostuvieron los medios de distribución de publicidad en la Internet, y se cuenta que allí se decidió comenzar una “campaña” en contra de los bloqueadores de publicidad. Incluso al parecer se habló de tomar acción legal en contra de la muy conocida extensión AdBlock para los navegadores.

Más allá de filtraciones y rumores al poco tiempo, el muy conocido sitio de vídeos de la gran G comenzó a obligar a los parroquianos que visitaban el lugar y que tenían instalada la susodicha extensión de bloqueo, a ver vídeos publicitarios (anuncios) de 3 minutos completos, sin posibilidad de darlos por terminados hasta su culminación. Esto solamente para aquellos que lo hacían usando el navegador de código cerrado Chrome, creado y distribuido por la propia Google.

La noticia corrió como reguero de pólvora, las redes sociales, los sitios de noticias y cualquier otro medio existente en la Red se llenaron de quejas, advertencias, maldiciones e incluso algunas muestras de aprobación. ¡Incluso yo me enteré!

Nadie puede negar la enorme contribución de Google en la transformación y desarrollo de la Internet de hoy. Aparatosamente esa misma Red de redes que tanto mima la empresa se convirtió en su principal oponente casi al instante.

Pocas horas después de iniciado el “castigo” a los usuarios bloqueadores de anuncios, se encontró una forma efectiva de evadir la penalización googlesca: Había que desinstalar otra extensión (la de YouTube) del propio navegador y todo volvería a la normalidad. Además se sugirió con insistencia el uso de otros navegadores y/o herramientas.

Como en la mitología Google lanzó certero corte con su espada a la hídrica cabeza que bloqueaba sus anuncios, y ya que Chrome es el navegador más usado en la red el impacto fue realmente grande. Del mismo modo como en la leyenda, casi al instante aparecieron las consecuencias funestas para la propia Google. A juzgar por la reacción de la ciber sociedad, millones de instalaciones de la extensión de YouTube fueron eliminadas de cuajo, incluso por muchos usuarios que no tenían instalado AdBlock; probablemente muchos de esos mismos usuarios desistieron de usar Chrome o de plano procedieron a eliminarlo de sus computadoras.

La segunda mortal cabeza de la hidra surgió en la forma de una ola de animadversión en contra de la propia Google, creo que la mayor que se ha visto a la fecha. El Don’t be Evil (lema de Google) fue arrastrado por el fango de los bits y bytes de la red.

Google cometió varios “pecados mortales” en términos de gestión empresarial: Atacó abierta y frontalmente a sus usuarios, mostró claramente que las herramientas que tan amablemente nos proporciona en forma gratuita las puede igualmente usar en nuestra contra. ¡Y para colmo de males le hizo una enorme campaña publicitaría a su “enemigo” AdBlock y seguramente a otras muchas similares!

Hasta la fecha Google ha contado, si no con el beneplácito de la comunidad Hacker, al menos se ha visto muy poco atacada, mucho debido a la “apertura y tolerancia” que la G ha tenido para con este sector. Sin embargo acciones como ésta podrían invertir la situación en forma extremadamente rápida, lo que irremediablemente llevaría ahora sí a una guerra tecnológica que Google (ni ninguna otra empresa similar) NO PUEDE GANAR.

Siendo empresa de software debe saber que desde ningún punto de vista (comenzando por los legales) puede controlar lo que cada persona instala y usa en sus computadoras. Me he puesto a imaginar unos cuantos métodos sobre los que no podría ejercer el anti bloqueo, al menos de forma inmediata (yo mismo uso uno muy simple y no tiene que ver con extensiones del navegador). De alguna forma las empresas de gestión de publicidad como Google podrían desarrollar formas de contrarrestar este tipo de software, que ha su vez evolucionaría una y otra vez para brincar las trabas que le sean impuestas a los usuarios que quieran navegar sin la abusiva publicidad.

En cambio estas empresas deben evolucionar para controlar en forma efectiva la publicidad que distribuyen, por ejemplo asegurándose que los anuncios tengan un tamaño aún menor que lo razonable, especialmente en la experiencia móvil, donde con mucha frecuencia ocupan un tamaño mayor al de la propia pantalla. No hay nada más irritante que después de conseguir (no es fácil) seleccionar la casilla para “reportar” el anuncio de tamaño gigante, sigan apareciendo un día, y otro y el que sigue también los descomunales e insufribles anuncios.

El bloqueo a los anuncios hechos en Flash, que consumen tiempo, ancho de banda y para colmo de males introducen a las PC huecos como precipicios a la seguridad, debe ser implementado de inmediato.

La duración de los vídeos publicitarios “forzosos” debe ser reducida a unos pocos (muy pocos) segundos y debe quedar siempre abierta la posibilidad de que cada usuario tenga la opción de saltarlos a voluntad.

El cada día creciente número de usuarios de la Internet toman conciencia y control de la forma en que navegan. A esto no se puede oponer, por mucho que lo intenten y deseen las empresas. Lo que sí pueden hacer es ser discretas, evitar en lo posible despertar a la Hidra, que de otra forma mostrará más y más temibles cabezas.

Google y similares deben admitir que siempre habrá un porcentaje de usuarios que harán “lo que sea necesario” para detener cualquier tipo de publicidad y que no los pueden detener. Pueden en cambio hacer lo posible para que esta porción no crezca.

Se sabe que el número de usuarios que hoy en día usan algún bloqueador de publicidad ronda los 200 millones, estoy seguro que se tienen cifras esperadas de su crecimiento para los meses próximos. Puedo meter la mano a la lumbre que después de lo ocurrido en YouTube, la cifra real final superará con creces a la que se haya proyectado como la más pesimista.

La Internet está cambiando y va por el carril de alta velocidad. Google y otros hoy pueden elegir si la acompañan o se quedan en el camino. Asunto de simple evolucionismo darwiniano. ¡Adaptarse o extinguirse!

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Un pensamiento en “Hidra

  1. Es cierto que Google y las herramientas que proporciona, como Chrome, gozan de gran popularidad, porque se tiene como aceptado que el gigante multinacional “es de los buenos”. Craso error. Google es más de lo mismo, a lo mejor con alguna capa de cordero de más. Yo no le hago ni la más mínima concesión.

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