Spotify el sonido dorado

Si has leído este blog con anterioridad tendrás por cierto que soy un apasionado del tema de las computadoras y del software. Mi interés por esto data de mis días de estudiante universitario y comenzó en fechas previas a la masificación y popularización de estos artilugios; la verdad fue hace mucho tiempo. ¡Me estoy haciendo viejo!

Pero más antigua aún es mi pasión por la Música (nótese que lo escribí con mayúscula) que me ha mantenido bajo su yugo desde la infancia. No recuerdo cuando fue la primera ocasión que escuché Música, lo que sí puedo asegurar es que no fue en el hogar paterno, donde a nadie mas le interesaba ni siquiera la música (ahora en minúscula), como no fuera en alguna ocasión especial o la que ocasionalmente se escuchaba en un programa de televisión.

Cuando llegué a la primera adolescencia y con motivo de algún aniversario logré que me obsequiaran un pequeño tocadiscos portátil; que ahora entiendo fue un gasto muy oneroso para mis amorosos padres y para mi madrina viuda. Junto con el aparato me permitieron escoger un par de discos LP para que sirviera de algo (además de para oír la radio), y para sorpresa de todos elegí uno con versiones orquestales de Música de Bach y otro con la Novena Sinfonía de Beethoven. Recuerdo que me hicieron que lo pensará varias veces como intentando asegurarse que no había perdido por completo el seso. ¡Aún conservo esos miles de veces reproducidos dos LP!

Con el paso del tiempo aprendí a ahorrar cuanto centavo me caía para poder ir acrecentando mi colección que hoy en día consta de varios miles. Como todo buen adolescente acostumbraba repetir a máximo volumen una y otra vez la pieza que era en turno el objeto de mi obsesión, hasta que en algún momento mi exasperada madre rugía: ¡Basta! Y no se diga cuando este gatito descubrió a los compositores contemporáneos, que terminé por escuchar solamente en soledad porque si estaba en casa mi familia, mi madre con ácida dulzura me preguntaba si iba a comenzar a escuchar “mis rasca tripas”, una alusión familiar a los sonidos que produciría un animal si le estuvieran sacando las vísceras estando aún con vida.

Hace poco visitaron mi madriguera mi amigo Pablo y su familia; profesional de la música y músico de profesión, y en medio de la charla me preguntó que me parecía Spotify. La pregunta me tomó por sorpresa porque aunque sabía de su existencia, al igual que la de otros servicios similares de streaming, jamás lo había usado. Mi experiencia con la música y la Internet se limitaba a buscar algo en Youtube o en Soundcloud y esto básicamente para alguna actividad escolar o para descargar una pieza para alguna amistad que poco atina a buscar en la red. Obviamente casi no escucho música en la PC.

¡Esa sí es una señora fonoteca! Me comentó, y a continuación me nombró a una serie de interpretes de los que en Spotify se podía encontrar mucho mas que su discografía “básica y popular”. ¡Pero tiene anuncios! objeté tratando de poner a buen resguardo mi trasero golpeado por la ignorancia. No más que los que tiene una estación de radio, y además tu seleccionas lo que quieres oír. ¡Álbumes completos, nada de pedacitos de esto y lo otro!

Pablo no hizo leña del árbol caído, me conoce como pocas personas (nada mas 35 años de amistad) y seguro sabía que tan pronto como estuviera a solas me pondría a investigar el asunto, lo que efectivamente sucedió.

El resultado neto ha sido que durante las pasadas semanas he puesto mi despacho de cabeza, sacando equipos de alta fidelidad que estaban guardados por no ser necesarios, cambiando muebles de lugar, pasando cables desde cada una de mis PC a los equipos de sonido y alguna que otra locura y excentricidad en otras habitaciones. ¡Todo sea por la Música!

Es una pena que Spotify no sea software libre, aunque tengo entendido que sus servidores son Linux (si mal no recuerdo haber leído en alguna ocasión). Pero aún que no sea así hay cosas que tienen prioridad. El software y el concepto de software libre tienen apenas unos pocos años entre nosotros, en cambio el arte es algo que nos define como seres humanos. No puede haber libertad sin educación, no puede existir educación sin cultura y esta no es entendible sin el arte.

Confieso que tenía la errónea impresión que este tipo de servicios de streaming únicamente ofrecían piezas populares y básicamente las de moda; sin duda mal informado por una prensa que solamente habla de los conflictos entre los intérpretes populares y el servicio, o de las recientes adhesiones de otros o de como las disqueras no pueden adaptarse a los nuevos tiempos de la Internet.

México tiene unos 120 millones de habitantes y tristemente apenas una diminuta fracción ha escuchado alguna vez Música, de este pequeña porción solamente algunos la han disfrutado. Es cierto que hay programas oficiales para acercar a escuelas completas a una sala de conciertos, pero por desgracia, pobres chicos usualmente son sometidos a sesiones con obras que no resultan comprensibles para oídos sin educación ni entrenamiento previo. Si fuera mal pensado diría que es un acto deliberado para alejar a las masas de los auditorios.

Espero que alguien mas descubra que en Spotify y tal vez en servicios similares hay otras opciones además de “Work bitch”.

Gracias a Spotify por abrirse a la Música y gracias a ti Pablo por ilustrarme una vez más.

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4 pensamientos en “Spotify el sonido dorado

  1. Pingback: Aprender a escuchar buena música. | El Gato con Linux

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