Programas y sistemas operativos.

Una computadora es un dispositivo que permite realizar tareas de manejo de información en una forma rápida y relativamente sencilla. Sin embargo es una solución compuesta de 3 tipos de elementos diferentes íntimamente relacionados entre si.

En primer lugar por supuesto está la propia máquina, los fierros por decirlo en forma coloquial. Este primer elemento determina casi en su totalidad cuales y como podremos instalar y usar los otros dos. Dicho de otra forma las capacidades físicas del equipo establecen límites para el o los sistemas operativos y las aplicaciones que podemos usar en ellos.

Por regla general podemos decir que entre más moderna sea la máquina podremos instalar en ella los sistemas operativos de nuestra preferencia y sobre de ellos los programas que cubran nuestras expectativas. Se entiende que al paso del tiempo se abrirá una brecha entre las posibilidades del hardware y del software. Al fin y al cabo lo que es nuevo, rápido y moderno hoy, será viejo, lento y anticuado en el futuro; La Ley de Moore establece que el poder de las computadoras se duplica cada 18 meses; así dentro de 5 años habrá una máquina que sea unas 15 veces más poderosa que una que salió de la fábrica el día de hoy.

La parte lógica (el software) seguirá en consecuencia un ritmo similar para poder aprovechar las capacidades del hardware. Incluso algunas veces se adelantará debido a que las creaciones de los programadores buscaran satisfacer posibilidades incluso más allá de los límites del hardware.

Las distribuciones Linux han sido por regla general mucho más amistosas con el hardware antiguo que las soluciones cerradas como W$ y MacOS; debido a que estos últimos pretenden impulsar su venta y la de los equipos en que se usan. Sin embargo aun las distribuciones van acusando con el paso del tiempo un aumento de requerimientos que obliga al usuario a ir descendiendo en la escala de la modernidad de las distribuciones. Una PC modesta que podía ejecutar Ubuntu con soltura hace 7 u 8 años puede ser que hoy solamente pueda instalar y usar un Lubuntu de última generación. Por supuesto no hay ninguna posibilidad de éxito si trata de cambiar al último W$.

En el apartado de los programas la situación puede ser mucho peor, aún con un sistema operativo “ligero” con mucha frecuencia se presenta el caso que los programas modernos no pueden ser ejecutados o bien su rendimiento es francamente despreciable: La suite de oficina o el navegador deben ser sustituidos por equivalentes de capacidades notablemente menores o incluso de estabilidad dudosa.

Esto explica en gran medida la reticencia que tiene una gran proporción de usuarios para cambiar de sistema operativo, por ejemplo el W$ XP que siendo conservadores es posible afirmar que aún se encuentra trabajando en el 20% de las computadoras; y el 20% del total son muchos millones. Es un gasto mayúsculo: Equipo nuevo, por lo general periféricos nuevos, nuevo sistema operativo y nuevos programas. Además hay que sumarle a lo anterior cantidades considerables en capacitación y pérdidas en la productividad durante la transición y adaptación.

Y contra lo que muchos sostienen, esto tampoco es una oportunidad para las distribuciones GNU/Linux, ya que los costes en capacitación, adaptación, instalación, y la disminución en productividad y las naturales resistencias al cambio, por lo general hacen inviable dicha transición. Somos animales de costumbres y muchas veces animales por costumbre.

Contrario a lo que se publica por todos lados yo creo que los usuarios son bastante abiertos al cambio de sistema operativo, los mejores ejemplos de ello son los productos de Google: Android y ChromeOS, que son muy bien recibidos por quienes los usan. Por el contrario la mayor reticencia está en los cambios a los programas (y mientras mayor es el cambio, mayor es el rechazo). Nada más hay que ver cuanto tiempo tuvo que pasar para que se aceptara el “ribbon” de la suite de M$, paradójicamente hoy el fenómeno es al contrario y los usuarios no quieren otra suite que no tenga esta característica.

Así el usuario está dispuesto a cambiar de sistema operativo en tanto el cambio no sea demasiado brusco. Por ejemplo es más fácil que pase a LxDE, LxQt o KDE que a Gnome-Shell o a Unity, pero protestará airadamente si tiene que cambiar de procesador de texto, está aferrado a su Office o a su programa de facturación o a que sé yo.

Una Killer App podría facilitar mucho este cambio, un programa que muchos usuarios desearan tener. El interés tiene pies dicen por ahí; pero esto no es sencillo, ni siquiera las grandes empresas con gigantescos presupuestos en I&D han dado en el clavo. Google es un buen ejemplo, solamente ha logrado “colar” un producto a los escritorios de millones de PC (el navegador Chrome) en tanto que el resto son servicios y no aplicaciones como las entiende el usuario (GMail, Google+, etc.) y el uso de Google Docs por ejemplo sigue siendo estrictamente marginal.

La otra gran posibilidad es que las aplicaciones sean multiplataforma, ya sea que se puedan instalar y ejecutar en forma correcta en cualquier sistema operativo (otra cosa es ser multiplataforma hablando de hardware, terreno que apenas M$ y Canonical comienzan a explorar), o bien que trabajen en la nube. Hay esfuerzos notables en ambas direcciones y desde todos los frentes: OpenOffice y LibreOffice, Firefox, Chrome y Skype como ejemplos por el lado de la multiplataforma y los productos de Adobe, el Office 365 y el Office Web como ejemplos en la nube.

La lista anterior no pretende ser exhaustiva ni mucho menos, y su propósito es mostrar que dichos esfuerzos se están realizando desde ambas visiones de la creación de software: software libre y abierto, y software propietario y cerrado.

Desde la perspectiva de los que somos usuarios de distribuciones Linux, y dependiendo de la postura de cada quien esto es tanto una bendición como una maldición. Por años se han escuchado voces que sostienen que las distribuciones en el escritorio triunfarán el día que las “grandes aplicaciones propietarias” creen versiones para nuestros sistemas operativos. Sostienen que ese día los usuarios no tendrán necesidad de usar los S.O. propietarios y que acudirán en masa a instalar la distribución que mejor se adapte a sus gustos y necesidades. Y hoy que tenemos ya a nuestra disposición algunas de las más importantes de ellas (M$ Office y los Adobe) gratuitas o con costo, no veo que llegue ninguna horda de nuevos usuarios.

Por el otro lado hay muchos que sostienen que la llegada de estos programas acabará con la libertad de la que gozamos. Contaminará nuestros corazones al mezclar nuestro “purísimo” escritorio con programas privativos. Estoy escribiendo este artículo desde el “Word Online”, usando para ello el nuevo navegador Vivaldi (también software privativo), en tanto estoy escuchando a Sviatoslav Richter interpretando a Saint-Sanz, Gershwin y a Tchaikovsy en el cliente Linux de Spotify, y en realidad no me encuentro impresionado, ni me siento aprisionado a causa de este experimento, mucho menos siento remordimientos por este acto, y mis principales objeciones están por ahora por el lado de la privacidad.

Como lo veo hoy, las distribuciones Linux en el escritorio darán el “gran salto” el día en que los usuarios se sientan realmente cómodos con ellas, incluyendo escritorio, programas y servicios asociados. Esto no dependerá de tener hardware antiguo o de una concientización masiva acerca de la libertad (que más quisiera yo que así fuera). Como siempre las preferencias se irán del lado del principio del mínimo esfuerzo.

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Un pensamiento en “Programas y sistemas operativos.

  1. Desde mi perspectiva pienso que las aplicaciones son quienes en gran medida terminan marcando el paso, de esa forma el sistema operativo se convierte en una especie de recipiente que nos permite tener tal o cual aplicación o programa.
    Por ejemplo, en la laptop del trabajo utilizo Windows 7 con su MS Office 2013, en los cuales no realizo ninguna tarea que no pudiera realizar en alguna distribución linux con libreoffice, la cuestión es que además de esas herramientas necesito disponer de software de automatización (RSLogix, FactoryTalk, etc.), software de de diseño, Inventor y otras herramientas.

    Así, al final el sistema operativo termina siendo un simple conductor, y si hablamos del costo del sistema operativo o la suit de ofimática, o incluso el costo del mismo hardware, estos terminan siendo meramente anecdóticos si se miran junto a lo que verdaderamente necesito como usuario y a su costo final: Las aplicaciones del día a día. El costo de las aplicaciones supera casi 20 veces el valor del equipo con sistema operativo incluido.

    En tales casos sirve de muy poco pregonar las restricciones de uno y las libertades de otro.

    Ahora, viéndolo desde mi perspectiva como usuario común, fuera del ámbito profesional. Es increible la diferencia de consumo de recursos entre una distro “normalita” y W7 o W8. Prácticamente se comen los recursos, el puro SO, sin aplicaciones ejecutándose se come 1.4 GB de ram, con unos picos de procesador que parecen electrocardiogramas!!!, recuerdo que de pequeño me enseñaron que el sistema operativo es el software encargado de administrar los recursos del hardware; viéndolo así puedo decir: Que pésima administración de recursos. Mi distro de uso diario, sin aplicaciones ejecutándose me consume 360 mb de ram, los 4 nucleos corriendo al 2%, y dándole carrilla verdadera (y en un equipo bastante modesto para los estándares actuales) me llega a consumir 1.8 GB de ram con picos de procesador del 60%.

    Soy usuario de distros linux desde hace casi 15 años, y con el tiempo he aprendido a sacarle cada vez mejor provecho a sus fortalezas y a sobrellevar sus limitante (que sí existen), y entendiendo esas limitantes es mas fácil bajarse del barco del Yihad Linuxero que promueven algunos.

    P.D.
    Cuidado Gato, dicen que el Tio Richard le jala las patas en la noche a los que utilizan Spotify.

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