Lo público, lo privado y lo confidencial (2)

La publicidad, la todo poderosa publicidad. Miles de millones invertidos en ella y su uso, pero por encima de todo su abuso nos han llevado a esta situación absurda. Alguna vez leía, creo que en Muy Linux (no recuerdo bien) que el articulista se quejaba de que no se quería ver la publicidad. Para colmo hablaba de algo que me pareció hilarante: La publicidad deseada.

Pero que ridículo. ¡No existe tal cosa! Por el contrario SIEMPRE es algo impuesto, es por ello que los vendedores nos inundan con sus anuncios, saben de antemano que tan pronto como los comenzamos a ver les damos next. Sin embargo si son repetidos hasta la saciedad llegará el momento en que los hayamos visto, absorbido y retenido completos. Nuestro cerebro es tan maravilloso, que sin importar en cuantas pequeñas fracciones y en que orden los percibimos, terminará por acomodar todo en forma correcta y coherente.

Entonces para poder mantener a salvo nuestra privacidad, lo primero que debemos hacer es atacar de raíz el problema. Es decir hay que eliminar la publicidad de nuestra experiencia de navegación por la Internet. A la larga los anunciantes y las empresas como Google que les facilitan nuestros datos y costumbres, terminarán por cambiar. Nadie suelta la pasta solamente para tirarla a la basura.

Bloqueadores de publicidad hay muchos y la mayoría están basados en las listas de “EasyList”. El mas popular de ellos es AdBlock Plus. Este complemento está disponible para la mayoría de los navegadores: Mozilla Firefox, Chrome y Chromium, Opera, e incluso viene pre instalado en algunos otros como QupZilla.

AdBlock Plus funciona bien, solamente tiene una pega. Con el pretexto de contribuir al financiamiento de los sitios, permite el paso de alguna publicidad catalogada como “No intrusiva”, sea lo que signifique esto. Este permiso puede revocarse con un par de clic, pero hay que aclarar que es el usuario quien debe hacerlo en forma explícita.

Esta práctica tiene algo aún más cuestionable: Los anunciantes pagan por ser miembros de la “exclusiva” lista de anuncios permitidos. Y aunque desde AdBlock Plus sostienen que los anuncios son revisados para que realmente no sean intrusivos, a cualquiera con cinco dedos de frente le deben asaltar las dudas. ¿Pueden realmente revisarlos? ¿Qué tanto influye la cuota pagada para pertenecer a la lista? Estoy seguro que tú te formularás algunas preguntas mas. Por ello yo suelo recomendar Adblock Edge para Firefox, un fork del anterior pero sin listas pagas.

Existen por supuesto otras alternativas y hay que aclarar que ninguna funciona al 100%. Es por ello que hay que elegir un bloqueador de publicidad que permita añadir bloqueos personalizados, y además hay que usar esta característica. Toma algo de tiempo ya que a veces el anuncio viene envuelto en marcos y/o está compuesto de varias imágenes, pero vale la pena este esfuerzo adicional. No solamente se tiene una mejor experiencia de navegación, también se gana en velocidad en la carga de las páginas.

Yo no tengo cuenta en ninguna red social, pero entiendo que los bloqueadores de publicidad no trabajan tan bien en ellas. Pero no hay que preocuparse, también hay complementos especializados por cada una de las mayores y más populares redes sociales.

Los lloriqueos.

Si buscas en la red encontrarás muchos artículos en los que se advierte que los bloqueadores de publicidad pueden “matar” a la Internet, ya que la publicidad es la que sostiene “nuestros sitios” favoritos. Yo por el contrario sostengo que “no hay borracho que coma lumbre”. Tan pronto como los sitios y los anunciantes se den cuenta que ya estamos hartos, evolucionaran para adecuarse a la nueva realidad. La publicidad puede gustar o no y en consecuencia cada quien tiene un grado de tolerancia a la misma, pero la intromisión a la privacidad, el rastreo, la pérdida del anonimato y una Internet que no sea neutral no son tolerables.

Muchos sitios y articulistas trabajan haciendo un feo chantaje sentimental y abiertamente te piden que no les bloquees la publicidad ya que de otra forma tendrán que cerrar. ¡Pues que lo hagan! Otros incluso no te permiten acceder si tienes un bloqueador activado: No entres a esos sitios. Si su imaginación solamente les da para incluir anuncios que llevan por cola ataques a la privacidad, no merecen otra cosa. Ahora que si lo que se muestra en esos sitios tiene verdadero valor, con seguridad encontrarán otra forma de prosperar.

Esto sin duda parece que ya ha comenzado; he visto en algunos sitios de tipo comercial que han abierto espacios patrocinados, en donde se pueden leer artículos sobre productos de algunas marcas. Estos artículos además están correctamente señalados como lo que son: Espacios pagados por los anunciantes. Una práctica mucho más honesta que deberá ser complementada con buenos escritos y análisis justos de otra forma fracasarán.

Recuerdo que una famosa diva decía: “Que hablen bien o mal de mi. !Lo importante es que hablen de mi!” Tanto los anunciantes como los sitios deben perder el miedo a decir las cosas por su nombre.

Quitando las miradas indiscretas.

Casi resulta innecesario mencionarlo, pero la única forma de garantizar un mínimo de privacidad es usar solamente navegadores WEB que sean software libre. Chrome de Google, Internet Explorer de M$, Safari de Apple y todos sus derivados de código cerrado deben ser considerados como máquinas espías. De poco valdrá cualquier otra medida si se usan estos navegadores ya que es muy probable que sea el propio programa el que esté transmitiendo a sus creadores toda la información que quieran obtener, y en este caso de nada valdrá cualquier complemento que se instale en el navegador ya que estos solamente pueden actuar a nivel del propio código de la página cargada desde la Red.

Cuando leo en los foros de soporte linuxeros que alguno dice preferir usar Chrome “porque es más rápido”, no sé si reír, llorar o tener miedo. De este navegador sabemos a ciencia cierta que envía datos adicionales a sus creadores.

De Internet Explorer no hay mucho que añadir, o quizá debería decir que todo está ya dicho, incluso los Anonymus en su documento guía, la primera recomendación que hacen es que no se use ese navegador.

Navegación en dos pistas.

Una de las formas más efectivas de mantener el acecho a la privacidad a raya es usar en forma simultanea dos navegadores distintos y acostumbrarse a unas cuantas reglas de supervivencia. En primer lugar hemos de tener un navegador para los sitios “seguros”, o al menos para aquellos que hemos aprendido a controlar y otro para la navegación aventurera, es decir cuando nos lanzamos a navegar por la red, o para cuando realizamos consultas con algún buscador.

Con el navegador para sitios seguros solamente necesitaremos añadir las herramientas de seguridad mínimas, de tal forma que la experiencia de navegación resulte lo menos alterada posible. En tanto que en el navegador para experiencias fuertes habremos de añadirle todas las protecciones posibles.

Yo suelo usar a Firefox como navegador aventurero porque dispone de algunas extensiones estupendas para blindarlo, pero el uso de estos complementos puede distorsionar severamente la apariencia y comportamiento de los sitios. En cuanto al navegador para sitios seguros y usuales uso cualquier otro, generalmente Chromium.

El otro gran uso que tiene la navegación en dos pistas es que permite seguir hiper ligas con seguridad, especialmente esto es delicado cuando por cualquier razón te has ingresado con tu cuenta en algún sitio, p.e. GMail, y necesitas seguir alguna liga que se te ha dejado en un correo. Recuerda que Google lee tus correos para así determinar tus intereses, pero si sigues las ligas que aparecen en ellos le estás enviando una confirmación que eso te importa y tú mismo contribuirás a perfeccionar el perfil comercial y socio económico que estas empresas mantienen de tu persona.

Entonces el mecanismo al que te debes acostumbrar para poder acceder a las ligas que te puedas encontrar en tu navegador para sitios conocidos es el de copiar la dirección y luego abrirla en el navegador blindado. De esta forma el proveedor del servicio al que has ingresado nunca sabrá que has abierto la dirección que has recibido, y en su intrincado sistema de calificaciones no habrá movimiento.

Usa clientes de software de los servicios en lugar del navegador.

Abrir en un navegador en forma simultanea varios servicios, como Facebook, Twitter y tu cuenta de correo puede ser “cómodo” pero en la práctica significa magnificar el problema, porque le estás informando a todos ellos lo que haces en todos los servicios a la vez. Esto por supuesto tiene mucho que ver con tus necesidades y tus hábitos de navegación. Tengo una amiga que para entrar a su cuenta de Facebook primero abre su cuenta de Yahoo y desde ahí inicia su sesión en FB. Consigue que tanto FB se entere de sus correos y de sus contactos en Yahoo, como que Yahoo se entere de sus actividades y quienes son sus amigos en FB.

El sentido común nos indica que lo que se debe hacer es usar estos servicios de uno a la vez en el navegador y nunca acceder con tu cuenta a más de uno en forma simultanea. Si tienes la necesidad de permanecer conectado con alguno(s) de ellos en forma continua, siempre es preferible hacerlo desde programas separados. Por ejemplo es común que se tenga que tener el correo electrónico abierto todo el tiempo y lo mismo con las cuentas de FB y de Twitter (afortunadamente no es mi caso).

Este es el momento de preferir un cliente de correo electrónico como Thundenbird o Evolution o KMail o el que prefieras, y uno para FB y/o Twitter; eso sí no te olvides de usar programas de software libre. De los “clientes oficiales” ni que hablar son una puerta al abismo de la no privacidad.

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5 pensamientos en “Lo público, lo privado y lo confidencial (2)

  1. Tenía pensado escribir un artículo sobre el mismo tema, pero como ya lo has escrito tú y, además, con mucho más fundamento de lo que pudiera hacerlo yo, me tomo la libertad de rebloguearlo.

    Por otro lado, totalmente de acuerdo con que ese intento de criminalizar a quienes no hacemos excepciones con la publicidad es de un patetismo que raya la imbecilidad. Los tiempos, por fortuna, están cambiando y, por desgracia para ciertos intereses económicos demasiado acostumbrados a los atropellos, la gente poco a poco va tomando conciencia. Aunque aún nos queda un largo camino (todavía habremos de llevarnos unos cuantos palos más antes de aprender la lección).

    Con respecto a la seguridad y el respeto a la privacidad, a mí me parece que Tor Browser es el navegador del que nadie puede prescindir para visitar determinados sitios web. A aquellas páginas que no me dejan ver los contenidos a no ser que tenga desactivado el bloqueador de publicidad, accedo con Tor y veo lo que quiero. Eso sí, su navegación siempre es un poco más lenta. Supongo que ese es el precio que a veces hay que pagar por la libertad.

    Saludos

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    • Antes que otra cosa una disculpa por responder tan tarde y un poco a destiempo. He estado de evaluaciones y con poco tiempo libre disponible.

      Gran honor que me hayas reblogleado, muy agradecido. Debes saber que tú eres el autor intelectual de esta serie de artículos debido al comentario que me dejaste en ubuntu-es, donde pedías sugerencias.

      No he querido seguir con el asunto allá, un poco por falta de interés y otro poco para no poner en conflicto a los foreros.

      Defendernos de los atropellos es un derecho, que si no ejercemos a cabalidad, terminará por costarnos mucho más que una lenta navegación.

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  2. Reblogueó esto en El jardín del exilioy comentado:
    El gran drama de la sociedad actual es la creencia en que nunca hemos disfrutado de mayor parcela de libertad como en los tiempos presentes. Craso error. Nunca hemos estado más controlados que ahora, nunca en la historia nuestra intimidad ha sido violada de forma tan absoluta y flagrante. El control que ejercen los gobiernos y las empresas a través de Internet no lo hubiera imaginado ni el propio George Orwell. Pero lo peor de todo es que tales cosas se llevan a cabo con nuestro consentimiento… La mayor parte de las veces a causa de un total desconocimiento del verdadero alcance que poseen estas prácticas y cómo repercuten en nuestras vidas. No pierdan detalle de este fabuloso artículo escrito por mi amigo Gato (así quiere él que se le conozca en la web).

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