Mi camino

Primeros pasos.

Hace ya mucho, en los años noventa, estaba trabajando en la elaboración de un programa para el cual se requería de un motor de bases de datos. Por aquel entonces no conocía otro sistema operativo para PC que no fuera el de las ventanas, ni tampoco había oído hablar del software libre.

Con el paso del tiempo y de las versiones del programa, los requerimientos para la base de datos comenzaron a aumentar. Para entonces había pasado por prácticamente por todas las opciones gratuitas que existían entonces, e incluso por varias versiones de prueba de programas más potentes como el Interbase de (en aquel entonces) Borland.

Verdaderamente urgido de una solución me sumergí en la Internet, asunto por demás dificultoso en aquellos años de tan poca cobertura y bajas velocidades, a la banda ancha aún le faltaba tiempo para llegar, especialmente a precios razonables.

Al fin di con dos posibles soluciones Firebird y MySQL. Con cuidado me dediqué a comprender los términos de las licencias de uso de ambos gestores. En un principio MySQL parecía el mas atractivo de los dos, con abundante documentación, incluso libros impresos y con un precio cero. Pero leyendo con mas detalle encontré que si yo vendía mi programa (usando MySQL) entonces sí debía pagar por la licencia de uso, y no cacahuates.

Acostumbrado a “las maneras del W$” sabía que a menos que el programa se convirtiera en un verdadero éxito comercial no habría ningún problema real. Sin embargo no me parecía justo exponer a mis hipotéticos clientes a que en un futuro, por azares del destino alguien les exigiera el pago de una licencia de uso; especialmente si yo había ofrecido que el coste del programa cubriría el total. Al final mi palabra estaba de por medio y no soy de la clase de hombres que acostumbran “dar gato por liebre”.

En cambio la licencia de Firebird ofrecía una libertad total de uso, sin importar el tipo de proyecto al que se asociara. Recuerdo que incluso hice algunas preguntas tontas en las listas de correo. En este punto quiero recalcar que lo único que me interesaba era la gratuidad del producto, todo lo demás era superfluo.

Debo confesar que Firebird me preocupaba un poco ya que lo que sí tenía un precio (y bastante alto) era el soporte técnico; en mi tontería llegué a suponer alguna trampa, algo como que los archivos se corrompieran con facilidad y ahí entonces estaba el verdadero negocio.

Cuando uno se enfoca en algo y solamente en eso, por más y más que se lea, no se comprende lo leído, así aunque leí y releí la licencia no la entendí en su verdadero significado.

Firebird resultó ser un producto grandioso, nunca me ha dado fallas, eso sí, tuve que estudiar y estudiar y después de eso, estudiar mas para poder usarlo en mi programa. Aún hoy en día los programas que he elaborado con Firebird continúan trabajando satisfactoriamente. Firebird y sus archivos son increíblemente estables. Sobra decir que Firebird es mi base de datos de cabecera, mi gran favorito.

Un poco mas adelante en el tiempo, casi por casualidad comprendí que Firebird no solamente era gratuito. ¡Además los archivos fuente estaban disponibles para que cualquiera pudiera estudiarlos o modificarlos, y todo en forma absolutamente legal!

¿Pero que clase de imbéciles son estos tipos? Como programador sé lo difícil que resulta lograr que un programa haga algo y además que lo haga bien y con eficacia. Simplemente no me entraba en la cabeza que alguien pusiera todo su esfuerzo y dedicación expuesto a la vista de todos. ¿Y la piratería, y el espionaje industrial, y la falta de escrúpulos, y…?

Ahora sí volví a leer varias veces la licencia, pero no encontraba el motivo de tanta estupidez en el texto. Confundido llegué a la conclusión que cada quién tiene la libertad de regalar o no su trabajo, de la misma forma que se puede exponer a los riesgos que mas le apetezcan.

A pesar de todo, quedó en mí una fuerte sensación de que algo me faltaba por comprender, sencillamente no me cuadraba que un grupo de individuos tan inteligentes como para crear algo tan bueno y complejo como Firebird, fueran al mismo tiempo tan tontos.

El brinco y el golpe.

Durante muchos años, actuando con prudencia había tenido relativamente pocos problemas con W$, especialmente aquellos relacionados con los programas maliciosos. Pero tan pronto como comencé a dar clases comprendí a la mala todas las vulnerabilidades de ese sistema operativo. Y puedo asegurar que no es agradable estar lidiando con 20 máquinas que están continuamente expuestas.

El verdadero caos se presentó cuando al fin el aula de cómputo tuvo acceso a la Internet, probé de todo, tanto a nivel software, como en cuestiones disciplinarias, pero todo resultaba inútil, con frecuencia los equipos quedaban “tocados” y casi se volvió una rutina el proceso de reinstalación el sistema operativo; comprobé así que era más rápido volver a instalar, que tratar de arreglar.

Además de lo anterior estaba muy inquieto porque el nivel de mis estudiantes había aumentado enormidades, debido principalmente a la popularización de las computadoras en el hogar. Así, lo que estábamos ofreciendo en clase ya no resultaba suficiente. En ese mismo periodo afortunadamente comenzaron a evolucionar los planes de estudio. Pero esto trajo una nueva complicación: se necesitaba nuevo software y como siempre pasa, no había presupuesto para ello.

También a nivel personal me sentía encasillado en W$. Y entonces un ex alumno me recomendó que probara Linux y lo hice.

No fue fácil, las distribuciones no eran tan versátiles ni tan amigables como lo son hoy en día, y además yo estaba demasiado viciado. Pero bueno, al fin y al cabo eran gratis ¿o no? En este punto debo reconocer que ninguna de mis motivos tenían que ver con la idea de la libertad.

Buscando y rebuscando conocimientos en algún foro me topé con una referencia al documental Revolution OS, que era recomendado para entender los orígenes de Linux. Como para entonces ya contaba con banda ancha, apenas 128 Mb/s una tarde me dispuse a descargar documental y ya por la noche lo pude ver.

¡Fue todo un impacto, un golpe a las partes mas sensibles de mi interior! Ahí estaba Richard Stallman (del que nunca había oído hablar) explicando sus motivos y razones. Según recuerdo observé el vídeo hasta el final, pero esos primeros minutos no salían de mi mente, machacándome sin permitirme concentrarme en el resto.

Durante los siguientes días tuve una gran batalla interior, y vi y volví a ver el documental. La ética de Stallman era clara, simple y contundente. En la mejor tradición del pensamiento judeo-greco-cristiano por el cual nos regimos hoy en día. ¡Pero por Dios, iba en contra de todo como yo me había comportado profesionalmente!

Además soy profesor, y como tal se adquiere una responsabilidad ética y moral con los alumnos. ¿Qué les estaba enseñando, por qué lo estaba haciendo, hacia dónde los estaba conduciendo, a qué me llevaba esto?

Eran demasiadas preguntas y entonces llegaron las vacaciones de verano, así que tuve tiempo, tanto para reflexionar, como de estudiar más (y creo que mejor). A pesar de todo, tenía dudas, incluyendo la validez de la idea del software comunitario, las distribuciones no me funcionaban muy bien, no era un buen comienzo y sin embargo ahí estaba Firebird con el cual ya llevaba algunos años de apasionado romance.

Visto en perspectiva, parecería pura estupidez de mi parte, pero debo decir en mi descargo que no podía adquirir tanta información técnica, conceptual, incluso filosófica, ponerla en práctica y además cambiar de forma de pensar a lo opuesto, en un periodo tan breve.

El inicio del camino.

Al terminar las vacaciones, a pesar de que aún ignoraba todo, había tomado una decisión: de una forma u otra cambiaría al software libre, tanto a nivel personal, como en mi rol de educador. Dediqué entonces la primera parte del año a prepararme; creo que desde mis días de estudiante universitario no había estudiado con tanto ahínco, incluso cambié a Linux cuanta PC tenía yo a mi alcance, incluyendo aquellas que ya estaban jubiladas. Y así, aún sin poder dejar por completo al W$, pasaba cada vez mas tiempo en Linux, forzándome incluso a hacer lo que tenía pendiente en Linux, en vez de recurrir a alguna forma fácil y conocida en W$.

Así en forma tímida, en la segunda parte del año escolar comencé con mis estudiantes del último grado a realizar prácticas usando LiveCD de las más variopintas distribuciones. Experiencia agridulce, algunas no funcionaban bien, otras no funcionaban en lo absoluto, y por encima de todo el desagrado mas o menos evidente de los muchachos, tan acostumbrados y viciados a mirar por las estrechas ventanas como yo mismo había estado.

A pesar de lo anterior quedé convencido que ese era el camino. Preparé un extenso documento para las autoridades escolares, quienes después de estudiarlo y creo que solamente por el aprecio personal que me tenían y dado que estaba apostando todo mi prestigio personal, accedieron a ver una demostración en vivo.

Cuidadosamente preparé una presentación en Impress que estaba ya en pantalla completa cuando mi inquisitoria audiencia tomo sus lugares frente al proyector. Había yo dispuesto aquellas diapositivas para que solamente duraran unos 10 minutos, durante los cuales expuse las ventajas en términos educativos de cambiar de sistema operativo, y mucho me cuide de no hacer referencias éticas o filosóficas, enfocado esencialmente en la legalidad y disposición casi infinita de programas legales y gratuitos.

Al terminar, simplemente abandoné Impress y comencé un breve tour por el escritorio y las aplicaciones, sobra decir que hasta ese momento nadie estaba consciente de que lo que habían presenciado había sido realizado usando GNU / Linux, Mandriva para ser preciso. Bastaron otros 10 minutos para que me fuera concedido el permiso para hacer el cambio para el siguiente ciclo escolar.

Los primeros dos años fueron difíciles: mi inexperiencia, el continuo cuestionamiento de padres de familia, estudiantes y autoridades y un equipamiento ya obsoleto y muy traqueteado, demandaron un gran esfuerzo para salir adelante.

Al final fue una visita de gente de la BSA (Business Software Alliance) la que terminó con las dudas acerca de Linux, ya que el único lugar donde no pudieron poner peros y objeciones fue en “mi” aula de cómputo. El desagrado de estas “finas” personas (¿?) fue tal que incluso llegaron a decirle a los dueños de la institución que: “Con Linux los muchachos no iban a aprender nada”. Para su desgracia los chicos daban claras muestras de una preparación superior, que ya por entonces alardeaban de sus habilidades para hacer esto y aquello usando Linux.

Desde entonces el camino no ha estado libre de obstáculos ni de dificultades; como todo lo que se emprende con verdadera pasión ha tenido un costo. En mi caso fue el abandono de la práctica de la programación. Mi último programa data del año 2006 (para W$) y aunque aún está operando comienza ya dar síntomas de senilidad. Ya estoy trabajando para solucionar ese último resabio. Por aquí te contaré.

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Un pensamiento en “Mi camino

  1. Qué tal.

    Primero que nada, muchas gracias por compartir tu experiencia. Se me hace inspirador el que hayas cambiado Windows por Linux en todo tu laboratorio de cómputo y que hayas superado todas esas dificultades. Desde mi experiencia como docente de matemáticas que trata de incluir las TIC’s en el aula, me ha tocado hablar de las bondades y las implicaciones éticas del software libre, recomendando y mostrando a los muchachos algunas distribuciones y su funcionalidad. Algunos de ellos cambiaron el SO en sus propias computadoras, y como era de esperar, unos se quedaron enganchados y otros no. La dependencia que tienen hacia W$ pone los pelos de punta: que si el Office, que si los juegos, los programitas inútiles, etc. Sin embargo, los que se quedaron con la distribución de Linux, conocen mucho más el funcionamiento de su computadora y le dan un mejor uso.

    No conozco el documental que mencionas, pero puedo imaginar a Richard Stallman platicando sobre las libertades del software libre y eso siempre me emociona. Creo que son ideas con una gran calidad humana…

    En fin, gracias de nuevo por las entradas del blog. Que sirvan de inspiración a multitud de profesores para que se animen a inculcar el software libre dentro de las escuelas.

    ¡Saludos!

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