Cena de negros

Desde poco antes de comenzar las vacaciones por los Días Santos, estuve viendo llegar a mi colegio (como todos los años) a esos personajes que desde hace algunos años pululan por las escuelas, rondando como zopilotes a la res, intentando vender sus servicios; me refiero por supuesto a los vendedores de cursos de formación para docentes.

Con eso que está tan de moda, aquello de “capacitar, solamente por capacitar”, las escuelas se han vuelto el blanco favorito de montones de “empresas” que ofrecen cubrir esta inventada necesidad de las escuelas.

Así desde estas fechas comienzan a hacerse presentes en los planteles, de forma que puedan cubrir sus (de ellos) metas para el receso de verano. Ofrecen atractivos planes de pago, horarios premium, capacitadores de “primer nivel” e incluso hasta material extra. Siempre y cuando se firme contrato “ahora”.

¿Qué puedo decir de estos cursos? Mucho y nada a la vez. Durante mis ya muchos años como docente he sufrido una infinidad de ellos. Desde aquellos que presenta un instructor que ha sido favorecido por la autoridad escolar en turno, hasta los impartidos (con valor curricular) por alguna universidad.

Prácticamente todos estos cursos, cursitos y cursotes comparten una característica en común: están dirigidos a todos los docentes del plantel. Y ahí comienzan los problemas, ya que los docentes de diferentes niveles tenemos poco o nada en común, me explico:

Las situaciones que enfrenta un docente de educación elemental son diametralmente distintas a las que por ejemplo tengo yo, que trabajo con pre universitarios.

Así, estos cursos terminan siendo de motivación, de superación personal, y por encima de todo, la exposición de una serie de teorías, tesis e invenciones no comprobadas de pedagogos, psicólogos y neuro no sé que cosas más.

Algo que tienen en común todos cursos que me han sido impuestos, es que en algún momento los participantes hemos de realizar una o varias lecturas de párrafos “selectos” de algunos de estos autores. A partir de ahí, y como si de la verdad absoluta se tratara, hemos todos de desarrollar los temas hasta llegar a la conclusión que nuestro instructor ha planificado por adelantado.

Sin embargo, en algunas ocasiones he tenido la oportunidad de desnudar tanta falacia, con la mas científica arrogancia posible. Recuerdo que en alguna ocasión convencí a “nuestros geniales” instructores para que nos hicieran una demostración de sus técnicas de manejo de grupos, que debo decir nadie había comprendido, ya que desde mi humilde punto de vista, la labor docente es ante todo una cuestión de carisma, sustentada en una base de conocimientos académicos mínimos necesarios.

Así quedó arreglado que harían una exposición a nuestros chicos y aprovecharían para poner en práctica sus dichos. En efecto el día señalado y fuertemente arropados por nuestra simpática orientadora en turno, se presentaron al plantel.

Dos grupos fueron conducidos al auditorio del plantel (entre ellos el mio) y comenzaron su praxis. Imagínate el escenario: Dos expositores, la orientadora y dos docentes acompañando a los estudiantes. Durante los primeros quince minutos todo transcurrió con normalidad. Así cuando todo parecía estar en condiciones inmejorables, sigilosamente me sustraje del auditorio y me llevé conmigo a mi colega.

Nos mantuvimos a una distancia prudente, para poder escuchar, pero lejos de la vista de los chicos. Transcurrieron unos minutos y el volumen dentro del auditorio comenzó a subir; mi colega, inquieta quiso regresar pero yo se lo impedí: “dejémoslos un rato para ver que sucede”. Conforme los minutos transcurrían el rumor se convirtió en ruido y al final en escándalo.

En este punto regresamos al auditorio, mi colega ingresó por la puerta trasera, en tanto que yo lo hice por la puerta del escenario. ¡Qué impacto, una cena de negros! Los tres “especialistas” gemían llamando al orden a los chicos, y estos los ignoraban por completo, el descontrol total. Sobra decir que mi colega y yo restablecimos el orden en pocos instantes y sin siquiera levantar la voz.

La magistral conferencia continuó y concluyó al término de la hora clase, tal como estaba previsto. Sobra también decir que nunca más tuve noticia alguna de los susodichos instructores, ni de sus fantásticas técnicas; y nuestra diligente orientadora “consiguió” una mejor oportunidad de trabajo al concluir el ciclo escolar.

Con esto no quiero exponer que la capacitación es algo no deseable o inútil. Afirmo que este tipo de cursos generalistas son además de una pérdida de tiempo y de dinero, una verdadera tomadura de pelo, una estafa pues.

Los cursos de capacitación para docentes deben ante todo estar enfocados en la academia, ya que es el punto central de nuestra labor; en consecuencia deben además impartirse a docentes de la misma área y del mismo nivel.

En este mundo moderno, donde todo cambia tan rápido siempre es bienvenida una buena información sobre los adelantos de nuestras respectivas especialidades. Es muy “bonito” saber del penta cerebro o de la preeminencia del hemisferio izquierdo del cerebro humano, es “muy importante” saber como hacer un “excelente plan de clases” usando 8 horas de duro trabajo en su realización, pero de nada nos sirve para hacer que nuestra clase resulte de utilidad para los educandos.

Si tú estás en condición de participar en la toma de decisiones en cuanto a los cursos de formación y / o actualización para docentes se honesto y di: ¡gracias pero no gracias! a este tipo de cursos. No te preocupes tanto de que tan buenas sean las técnicas cada profesor. ¡Los jóvenes estudiantes reprueban y expulsan a los ineptos más rápido de lo que canta un gallo!

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3 pensamientos en “Cena de negros

  1. Efectivamente, a veces el trabajo más importante que realiza un docente es aquel que no se ve. En esta época reduccionista y rebosante de frivolidades alguien podría entrar en un aula y exclamar: “¡bah, eso lo hago yo también!” Y con eso se cuestiona la labor del profesor, y hasta sus retribuciones (dando pábulo a quienes ansían privatizar la educación y reducir costes).

    Y lo cierto es que eso que parece tan sencillo, dar clase y hacer con que el alumno preste atención, es fruto de muchos años de experiencia y dedicación. Una experiencia que no siempre es cuantificable.

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    • Este “negocio” está plagado de individuos que por el simple hecho de haber obtenido un X grado académico (de lo que sea) creen que es posible pararse frente a un grupo y además de mantener la disciplina y captar su atención, pueden trasmitir en forma eficaz sus conocimientos.

      Cuando no pueden por desgracia comienzan a hacerle al inventor, y lo peor es que de la forma más empírica (lírica diría mejor) comienzan a predicar (y vender) sus “logros”.

      Como siempre un gusto saludarte

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